| Publicada: 18/04/2005 |
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Por:
Tony Díaz Susavila |
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Santiago de Cuba |
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Volver por su fuero |
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Aún resuenan los tambores del Cocuyé, con su característica trompeta china, y ya los campeones nacionales de la XLIV Serie Nacional de Béisbol, los santiagueros, piensan en brillar en la Súper Liga prevista desde mediados del próximo mes.
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LA POPULAR calle Trocha aún vive el jolgorio, como toda Santiago de Cuba, por la victoria de su escuadra en la XLIV edición del principal pasatiempo deportivo local, la pelota. Transcurrió casi una semana del hit de oro de Pedro Poll para dejar al campo a La Habana y conquistar el cetro y todavía los aficionados comentan si Esteban Lombillo, director de los subcampeones vaqueros, debió traer o no al zurdo Yulieski González para trabajarle al igualmente siniestro Poll. Pero, ello es historia, mientras como héroes se pasean por la hermosa ciudad oriental los integrantes de la escuadra del debutante mentor Antonio Pacheco, la misma que esperó casi un lustro para volver al trono del clásico beisbolero. Un coloso, Orestes Kindelán, solo atinó a expresar, inquirido por JIT acerca de la conquista: «Cuando veníamos de Japón le dije a Pacheco (Antonio) que con este equipo podíamos ganar el campeonato y no me defraudaron los muchachos». Ganador de tres ediciones bajo la égida de Higinio Vélez, soltó riendas al optimismo al vaticinar «y tenemos para más. En la próxima temporada volveremos a estar en la final». Para Radamés Heredia Callejas, un nombre que no identifica a nadie si no le acompaña el apodo de Pipo, el sabroso, lo de Santiago no es casualidad «los vi entrenar y jugar aquí en el Moncada y sin dudas tenían muchas ganas de ganar». Considerado el decano de los recogedores de pelota del país (40 años en el estadio Guillermón Moncada), el popular Pipo valora que la presencia del público fue acicate para que los indómitos bebieran en la copa del certamen. «Jugar ante exigentes aficionados que le apoyaron cada noche en el estadio y en otros parques los comprometió más a todos y este es el resultado», dijo. Ormari Romero obtuvo el título de más valioso del play off, por sus cuatro victorias, dos ante La Habana en pugna con el antesalista, igualmente santiaguero Alexander Jorge, un coloso a la defensa y con el madero en ristre. «Sabíamos que ganar en el sexto juego del play off era importantísimo, pues la presión en un último encuentro podía haberlos beneficiado a ellos», señaló el serpentinero, quien guió a las avispas a la definitiva picada mortal sobre los vaqueros. El gigante de Seboruco, región indómita, cumplió además un compromiso con su extinto compañero Frank Tamayo, fallecido en un accidente de tránsito. «Tamayo ansiaba coronarse tanto como nosotros. No podíamos defraudar a nuestro número 22, por ello el equipo completo le dedicó el triunfo. Él esta presente en cada una de nuestras victorias», concluyó uno de los peloteros de mayor estatura aquí. El colectivo promedió 340 a la ofensiva y su pitcheo 2.29 carreras limpias permitidas en todo el play off, lo cual dice mucho de la actuación de los santiagueros, quienes con su entrega se ganaron el mote de la nueva aplanadora oriental, condición que buscarán en la Súper Liga, desde el próximo mayo ante La Habana, Occidentales, Centrales y Orientales.
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